Una sala de cine familiar en el sótano, con un presupuesto limitado, para una pareja con dos hijos adolescentes y un audiófilo en casa. El cliente, un profesional del sector audiovisual y de las tecnologías de la información, ya había adquirido un sistema completo de altavoces Sonance antes de contratar a Casaplex, por lo que el encargo no consistía tanto en partir de cero como en diseñar la sala adecuada en función de la vida familiar, dando prioridad a la claridad del diálogo, la inmersión y la comodidad acogedora para múltiples usos, por encima del rendimiento de referencia puro.
Se construyeron vigas arquitectónicas para alojar los altavoces debajo del techo, lo que aporta un interés visual y, al mismo tiempo, actúa como tratamiento acústico oculto.
Un mueble a medida de nogal, estilo aparador, ocultaba los subwoofers a plena vista, inspirado en el propio tablero de inspiración del cliente.
Cada elemento se colocó ajustado contra el muro de carga para preservar tanto su función como la geometría del RP22.
Las cajas acústicas y el rediseño de los conductos redujeron la transmisión del ruido dentro de la infraestructura existente.